Taisa llegó en seguida a las puertas de la ciudad. El aire susurraba entre las ruinas. Tomó aire, y se adentró tras las murallas.
Aquel lugar que hacía años fuera una espléndida ciudad sin nada que envidiar a la grandiosa capital, ahora era un lugar aterrador, lleno de dolor y angustia, cuyo cielo parecía teñido de sangre al reflejo del fuego que la consumía lentamente.
Miles de no muertos pululaban por la demacrada ciudad, y se lanzaban a atacarla con torpe fiereza, en numerosas oleadas. Ella peleaba por quitárselos de encima y avanzar, acabando con ellos sin piedad con su espada y sus hechizos sagrados. Al fin y al cabo, ya estaban muertos, y sus almas perdidas.
Finalmente, llegó al lugar donde se escondía el Barón Huesoeterno, y se encontró frente a frente con aquel oscuro jinete, que la observaba con una sonrisa malévola. De reojo pudo ver una jaula en la que se vislumbraba la figura de una mujer, y aún estaba viva. Había esperanza.
—¡Mira lo que tenemos aquí! Otra enviada del Alba Argenta… ¿Y qué te hace pensar que tú lograrás acabar conmigo, muchacha?
—Si de esta forma logro averiguar qué ocurrió a mi hermana, mi espada será lo último que veas —dijo Taisa, empuñando con fuerza su espada, mientras comenzaba a cargar contra él.
Huesoeterno se preparó para el ataque, y comenzaron a luchar espada contra espada. Al parar uno de los golpes de la paladina, se quedó unos segundos mirándola mientras empezaba a reírse, cosa que aprovechó Taisa para asestarle un fuerte golpe en el brazo.
—Así que… la pequeña Rachel era tu hermana… eeeh… jejeje.
—¿¡Qué sabes de ella!? ¡Habla! —gritó arremetiendo de nuevo contra él.
—Aaah… Aquella jovencita… Jejeje… No te preocupes, ya ha muerto.
—¡Mientes! —Los ojos de la muchacha comenzaron a empañarse, pero sobre todo su reacción fue golpearle con aún más fuerza.
—En parte sí —se burlaba a duras penas, a punto de desplomarse—. Y en parte no… ella murió, pero era del agrado de mi Señor, y Él la tomó para formar parte en su lucha. Así que dudo que logres encontrarla…
Taisa ya no necesitaba escuchar más, y supo que aquel ser tampoco sabría mucho más, y con las lágrimas ya cayendo por sus mejillas, le asestó el golpe final con toda la rabia que contenía su corazón.
Con la mirada perdida, se acercó hasta la jaula y rompió la cerradura con un golpe de la empuñadura de su espada, tras lo cual se desplomó de rodillas en el suelo, con la mirada perdida.
La mujer salió de la jaula, y sin decir nada más, se quedó a su lado, posando una de sus manos sobre el hombro de Taisa, mientras murmuraba oraciones de sanación, recuperando al menos los daños físicos de la paladina.
Taisa no sabía cuánto tiempo pasó hasta que pudo ser consciente de lo que la rodeaba de nuevo. Había dejado de llorar, aunque aún se percibía claramente el surco de las lágrimas en sus mejillas.
Se giró hacia la mujer, que se encontraba sentada a su lado.
—¿Ysida?
—Sí, pequeña —dijo la mujer, con dulzura—. Muchas gracias por rescatarme.
—Mi… hermana…
—Sí, sé quién es. Se parece mucho a ti. Estuvo conmigo, es una chica adorable, y muy fuerte…
Se le quebraba un poco la voz al explicarle.
—Lo lamento… Ella… no está muerta… Pero tampoco viva.
Taisa quedó congelada ante tal revelación. Entonces… Ahora era una de los caballeros no muertos. Se llevó una mano a la boca ahogando un sollozo, cayendo de rodillas al suelo entre lágrimas. Su hermana… ¿Cómo podía haberla perdido de aquel modo?
La mujer la consoló por un buen rato, hasta que, al sentirla más calmada, Ysida se levantó y le tendió la mano a Taisa para ayudarla a levantarse.
—Ahora, salgamos de aquí cuanto antes, que este sitio es horrible.
Taisa hizo el viaje de vuelta callada y pensativa.
Al menos había descubierto qué le había ocurrido a Rachel, y por qué no había tenido noticias de ella… No tenía muy claro qué podría hacer ahora. Pero sabía que no iba a dejar aquello así…
Sólo de pensar que su hermana… o más bien lo que quedaba de ella, estaba siendo utilizado para tan crueles propósitos y dañar a otros hacía que se le humedecieran los ojos de nuevo.
Sacudió la cabeza. Debía ser fuerte. Encontraría la forma de liberarla… De un modo u otro.
