A la hora prevista, Crow esperaba a la deidad en el despacho. Lo tenía todo preparado, aunque estaba incluso más intranquilo que antes por algo que había encontrado.
Aquello lo cambiaba todo. Sin embargo, tenía claro que no alteraría el plan; si acaso, era una razón más para acelerarlo. Sabía que, al menos, al emperador le traería cierta tranquilidad.
Sobre la mesa aguardaban un plano de Luipt y un diario.
No había pasado ni un minuto desde que Crow había entrado cuando, sin aviso, unos trozos de tela blanca comenzaron a aparecer sobre uno de los sillones frente al escritorio. Danzaron en círculos hasta que, al concluir el movimiento, se materializó un pequeño sombrero sobre uno de los reposabrazos. Las telas se fusionaron y revelaron a la diosa, perfectamente sentada en el sillón.
—Ummh, espero no haber hecho ruido —dijo mientras tomaba el sombrero y se lo colocaba sobre la cabeza.
Sonrió y se llevó una mano al mentón.
—Muy bien, lord Crow, ¿qué tiene para mí?
Crow observó la aparición de la mujer con asombro y expectación, aunque mantuvo el gesto impasible. Sus dedos se movían ligeramente sobre el escritorio, en un gesto apenas perceptible que delataba su nerviosismo.
—Señorita Leilani… Esto… Es bastante serio. Más de lo que pensaba, aunque de un modo totalmente diferente…
Puso una mano sobre el diario.
—Casualmente… di con esto. Por favor, será mejor que usted no lo lea por el momento. Pero el emperador debe verlo antes de que comience el proceso, y luego tendrá que traerlo de vuelta antes de que ese hombre lo eche en falta. Hay información muy importante que el heredero debería conocer antes de llegar aquí…
Crow dirigió la mirada al mapa. En él se mostraba la extensión desértica del ducado de Luipt, en el reino de Rwibt, y la ubicación de un palacio recóndito, oculto en un oasis.
—Esta es la ubicación. Hay algunas barreras mágicas que lo hacen imperceptible, salvo que lleve esto…
Se descolgó del cuello una cadena que sostenía un anillo, el que llevaba en sus viajes para informar al emperador.
—Deberá traerlo de vuelta también, junto con el diario, cuando se haya iniciado el proceso.
Leilani escuchó con atención lo que Crow tenía que decir. Sentía mucha curiosidad por aquello que perturbaba ligeramente al confiable cuervo.
—No me agrada que me oculten información… —dijo, alzando una ceja con disgusto mientras fijaba la mirada carmesí en el extraño libro—. Mucho menos cuando me han solicitado un encargo de tal magnitud.
Intentó encontrar los ojos de Crow para sonsacarle algo más de información, pero no lo consiguió. Resignada, miró el mapa.
—Dejaré pasar los secretismos por esta vez, como muestra de mi buena fe… Y bueno, ustedes tampoco han hecho muchas preguntas sobre mis asuntos. Estamos a mano.
Se irguió para examinar el mapa con más detalle. Cuando lo hubo memorizado, extendió la mano derecha para recibir el misterioso diario.
Crow reflexionó unos momentos sobre sus palabras y luego respondió con calma:
—El diario queda en sus manos. Pero, debido a lo que contiene, creo que es mejor que no lo conozca hasta que llegue el momento oportuno. Que el heredero conozca su contenido cuando regrese es una baza demasiado importante…
Le entregó el libro y la miró fijamente, con el gesto serio que dejaba entrever cierta tristeza. Al fin y al cabo, sabía que no volvería a ver a sus majestades.
—Dígale al emperador que todo el clan está con él y que esperaremos al heredero. Puede ir ya.
Leilani asintió sin más. Depositó el libro sobre el escritorio, lanzó la cadena con el anillo al aire y dio un par de pasos atrás. Sujetó el extremo izquierdo de su falda y lo elevó mientras giraba. La tela la envolvió y fue reduciendo su figura hasta dejarla del tamaño de un palmo.
Entonces apareció un ave azulada, que alzó el vuelo para atrapar el colgante y se posó sobre el sillón donde, hacía apenas unos minutos, había estado la dama celestial.
—Natsume —resonó en la estancia. El diario se redujo hasta quedar del tamaño del ave.
—He oído que hay migraciones por estas épocas a Luipt. Será fácil seguir las bandadas. Me marcho, pues.
El pájaro inclinó la cabeza a modo de despedida y se preparó para emprender un vuelo más rápido que el anterior. Antes de salir por la ventana, sujetó el diario con las patas.
Crow inclinó también la cabeza ante el ave. La miró con cierta sorpresa por la forma que había escogido.
—La esperaremos de regreso. Recuerde: el diario debe estar aquí antes de terminar el año…
