Con el tiempo, Taisa continuaba siendo de gran relevancia en Mideralia.
Desde el momento en que Taisa fue en busca de los dioses para su matrimonio, frecuentaba los templos.
A menudo había logrado comunicarse con los dioses de nuevo allí. No pasaba inadvertida la joven sacerdotisa entre algunos de ellos, por su bondad y por estar siempre dispuesta a ayudar.
Era frecuente que se comunicasen con ella. Y también que otros fueran a buscarla por su afinidad con los dioses, para lograr su intermediación.
Una de aquellas diosas era ella… La que, por circunstancias, terminaría siendo la Innombrable y cuyo nombre quedaría borrado de todo lugar.
Era una diosa de gran belleza, con largo cabello plateado y que causaba la admiración de muchos. Su carácter amable y su bondad eran bien conocidos, y también muchos habían acudido a ella.
Con el tiempo, Taisa y ella forjaron una gran amistad también.
En determinado momento, los mismos dioses le dieron reconocimiento a Taisa. Uno de los dioses mayores se apareció frente a ella.
—Serás oficialmente el oráculo de los dioses. Serás el nexo entre los habitantes de Mideralia y nosotros.
Aunque aquella cercanía con los dioses no evitaría lo que estaba por suceder…
