Una noche, tuvo una visión. Los dioses se comunicaron por medio de sueños. Fue una visión aterradora de lo que iba a ocurrir…
Pero se le indicó que aún no debía contar nada, sólo debían prepararse.
Se levantó sobresaltada, con los ojos húmedos, y salió de la habitación tratando de calmarse. Pero no era fácil.
Nikita se encontraba allí también, en la casa del clan. Debió despertar al escucharla, ya que tenía un oído agudo.
Se encontró con Taisa hecha un ovillo sentada en un rincón de la cocina, llorando silenciosamente.
—¿Jefa? ¿Qué sucede? —preguntó asustada.
Taisa sacudió la cabeza. No podía decirlo.
Al ver su expresión y la tristeza con que la miró, supo que no quería hablar, y tan solo se sentó a su lado.
Le dolía lo que sabía, lo que iba a ocurrir… y también no poder contarlo aún.