La Princesa Aventurera

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12 – Hermano mayor

La historia de Taisa, Parte 2: Looking for Myself
Occidente

Bastet llevaba tiempo descansando mal y recientemente había ido a peor.

No era porque le faltaran cosas que hacer. Sus jornadas seguían llenas de guardias, entrenamientos, informes y pequeños asuntos que atender que hacían que llegase agotada hacia el final del día. Incluso había empezado a participar con April en algunos preparativos, como los juegos que estaban organizando y que todavía debían presentar para su aprobación. También procuraba pasar tiempo con Yuna cuando podía.

Todo aquello la mantenía ocupada y, en muchos momentos, acompañada. Pero había una diferencia entre tener gente alrededor y saber acudir a alguien cuando era ella quien necesitaba apoyo.

Por la noche, cuando ya no quedaban tareas pendientes ni nadie a quien cuidar, esa diferencia se hacía mucho más evidente.

Aquella noche llevaba demasiado tiempo dando vueltas en la cama.

Las temperaturas empezaban a bajar y se había cubierto con una bata de franela sobre el camisón. Intentó cerrar los ojos una vez más.

No sirvió.

Entonces recordó aquella conversación con April.

Desde su regreso él había sido uno de sus puntos de referencia. Como responsable de los caballeros, él se encargaba de parte de los entrenamientos, le había enseñado algunos trucos defensivos nuevos y, de una forma bastante natural, había empezado a preocuparse por ella.

En una ocasión, mientras descansaban entre entrenamientos, él le había hablado de su hermana. La echaba de menos desde que ella se había marchado a hacer su vida lejos de Occidente.

En tono medio serio, medio de broma, había comentado que no le vendría mal tener una hermana pequeña a quien cuidar.

Bastet no había sabido qué responder entonces.

Aquella noche sí.

Salió al pasillo casi sin pensarlo y caminó hasta la puerta de April.

Llamó.

Cuando abrió, Bastet dudó durante unos segundos. Había llegado hasta allí, pero ahora no sabía muy bien cómo empezar.

—Yo… me preguntaba si realmente lo dijiste en serio.

April la observó sin comprender del todo.

Bastet cruzó los brazos sobre el pecho y bajó la mirada.

—Lo de tener una hermana pequeña.

Le costó continuar.

—Yo sí quiero un hermano mayor pesado.

La frase le salió más baja de lo esperado.

—Me haría mucho bien. Últimamente has sido de las pocas personas que se han preocupado por mí.

Durante un instante April se quedó completamente sorprendido.

Después sonrió.

—Claro que sí.

Los ojos de Bastet se humedecieron.

Había algo más que necesitaba pedir, aunque le resultara todavía más difícil.

—Yo querría… Necesito un abrazo.

No era algo habitual en ella. Bastet podía hablar con facilidad con muchas personas, ayudar, escuchar y estar presente cuando alguien la necesitaba. Pero el contacto físico y las muestras abiertas de afecto siempre le habían costado más.

April no hizo preguntas.

La rodeó con sus brazos en un abrazo fuerte y cálido.

Bastet se relajó poco a poco contra él.

—Yo quiero una hermanita a quien poder mimar, cuidar y molestar todo lo posible —bromeó April.

Aquello consiguió romper parte de la tensión.

Las lágrimas que llevaba conteniendo terminaron por caer.

—Pues sí, por favor…

April siguió hablándole con aquel tono afectuoso y exagerado tan suyo, asegurándole que tendría abrazos de sobra siempre que los necesitara y que estaría allí para escucharla.

Bastet respiró con algo más de calma.

—Gracias… Me he estado sintiendo muy sola.

April no trató de restarle importancia.

Le dejó estar triste.

Le recordó que no tenía por qué fingir que estaba bien.

Y cuando finalmente Bastet dijo que intentaría dormir, se aseguró de que realmente regresara a su habitación.

Ella todavía intentó desviarse hacia la cocina.

April la descubrió.

—A la cama dije.

Antes de que pudiera protestar demasiado, la levantó en brazos.

—Está bien, está bien…

Bastet se dejó llevar con cierta indignación fingida, aunque no pudo evitar sonreír.

April la dejó en la cama, la arropó y amenazó con quedarse allí vigilando si intentaba levantarse otra vez.

Bastet, ya algo más relajada, decidió aprovecharse un poco.

—¿Y el almohadón?

April se quedó quieto.

—Ah. Cierto.

Fue a buscarlo.

Cuando regresó con varios almohadones, Bastet ya estaba acomodada entre las mantas.

April terminó sentándose a su lado.

—Me quedaré hasta que te duermas.

Bastet puso los ojos en blanco, aunque esta vez sonrió de verdad.

—Está bien.

Se abrazó a uno de los almohadones y cerró los ojos.

Antes de quedarse dormida, volteó ligeramente a verlo.

—Gracias.

Aquella noche descansó mejor.

Y desde entonces empezó a ser habitual que Bastet y April pasaran más tiempo juntos. Lo que había comenzado como compañerismo y apoyo durante los entrenamientos se convirtió en una relación mucho más cercana.

Por primera vez desde su regreso, Bastet sentía que no tenía que sostenerlo todo sola. Por primera vez en mucho tiempo, se dejó cuidar.

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Sobre la autora

Taisa – Raquel García Arévalo

Personaje y creadora al mismo tiempo. Llevo más de 20 años dando vida a este alter ego nacido entre cuentos, juegos online y en el rol, tejiendo historias que han crecido conmigo a lo largo del tiempo.Profesionalmente creo y gestiono webs y blogs, ayudando a negocios a convertir el caos digital en sistemas claros, sostenibles y estratégicos. Creo en la tecnología como herramienta de libertad y en construir proyectos con alma.Cuando no estoy optimizando una web, probablemente estoy escribiendo, desarrollando relatos de rol o imaginando nuevas aventuras. ¿Quieres saber más sobre mí? Puedes leer aquí.

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