La Princesa Aventurera

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13 – Raíces y caminos

La historia de Taisa, Parte 2: Looking for Myself
Occidente

Occidente ya no era simplemente el lugar en el que Bastet se había detenido durante un tiempo.

Habían pasado meses desde su llegada. Trabajando para la guardia a pesar de la situación complicada en que vivían, o con más motivo por ello, protegía a sus habitantes, había conocido a personas que empezaban a importarle y atravesado una etapa mucho más caótica de lo que había imaginado cuando pidió permiso para quedarse.

A veces, sin embargo, seguía apareciendo aquel impulso tan antiguo de marcharse.

Lo conocía demasiado bien.

Durante buena parte de su vida, cuando algo se complicaba, Bastet había acabado tomando un camino distinto. Una nueva ciudad. Otro territorio. Otra misión. Otro lugar donde empezar de nuevo.

Aquel día tuvo motivos para pensar en ello.

Una joven había quedado atrapada en una situación peligrosa y estaba siendo atacada por bandidos cuando Bastet y uno de los capitanes de la guardia llegaron hasta ella. Consiguieron salvarla, aunque no a todos los que la acompañaban.

Después de llevarla de regreso al Bastión, Bastet volvió a salir a caballo con la excusa de patrullar los alrededores.

En realidad necesitaba pensar.

Entendía demasiado bien aquella necesidad de poner distancia cuando las cosas salían mal.

Pero, mientras cabalgaba, comprendió que esa vez no le resultaría tan sencillo.

Se había encariñado con Occidente.

Con su gente.

Con las pequeñas rutinas que había construido incluso en medio del caos.

Y había hecho una promesa de proteger aquel lugar.

Parte de ella continuaba deseando que las cosas regresaran a como habían sido unos meses atrás, cuando los emperadores seguían allí y el palacio parecía mucho más sencillo. Pero también sabía que vivir esperando recuperar exactamente el pasado no tenía demasiado sentido.

La vida seguía avanzando.

Y ella también tendría que hacerlo.

Aquella certeza no eliminaba otra parte de sí misma que empezaba a despertar de nuevo.

Bastet siempre había sido una viajera. La princesa aventurera la llamaban cuando era más joven.

Había pasado demasiado tiempo de un lugar a otro como para dejar de sentir curiosidad por lo que existía más allá de las fronteras conocidas. Incluso ahora que había conseguido cierta estabilidad, la idea de nuevos caminos, nuevos lugares y nuevas personas seguía despertando algo en ella.

Días después descargó parte de aquella inquietud entrenando.

Portaba una armadura algo más ligera de lo habitual y se movía entre los muñecos de práctica combinando espada y hechizos de Luz. Golpe tras golpe, aquella energía que llevaba semanas acumulándose empezó a convertirse en otra cosa.

No quería marcharse porque Occidente le resultara insoportable.

Al contrario.

Estaba empezando a sentirse cómoda allí.

Y quizá ese fuera precisamente el problema.

La tranquilidad le gustaba.

Pero también la inquietaba.

Sentía que todavía había demasiado mundo que no conocía. Personas a quienes podría ayudar. Lugares por descubrir. Cosas que aprender.

Podía querer quedarse y querer marcharse al mismo tiempo.

Aquella contradicción comenzó a acompañarla durante los días que comenzaban a volverse más fríos llegando al invierno.

Había días en que se sentía perfectamente integrada. Cumplía sus turnos, ayudaba donde podía, pasaba ratos tranquilos en la taberna y empezaba a permitirse pequeñas costumbres que meses atrás le habrían parecido impensables.

También estaba empezando a mostrarse más.

Durante mucho tiempo había aprendido a contener sus emociones, a guardar determinadas cosas detrás de una expresión tranquila y de la armadura.

Ahora tenía amigos como Yuna, April, Elentari una de las cocineras, y algunas otras personas que trabajaban en el palacio.

Personas con las que podía reír, hablar o simplemente estar.

Eso la hacía sentir bien.

Y también la hacía sentir vulnerable.

Pensó incluso en su hermana, a quien hacía demasiado que no veía. En las personas que había perdido. En las que se habían marchado.

Cuanto más permitía que alguien formara parte de su vida, más evidente se hacía el riesgo de perderlo.

Con April ocurría algo parecido.

En público seguían comportándose como siempre: capitán y caballero, compañeros de guardia, dos personas que se conocían cada vez mejor.

Nadie necesitaba saber más.

En privado, sin embargo, se habían acostumbrado a hacerse compañía.

A hablar, a compartir silencios y a preocuparse el uno por el otro.

Bastet no pensaba en aquello como algo distinto a la relación fraternal que habían construido. Y, aun así, empezaba a notar que precisamente por eso le daba algo de miedo acostumbrarse demasiado a tenerlo cerca.

No quería depender de nadie.

Ni volver a sentir que una ausencia podía romperle el equilibrio.

Llegó el cambio de año.

La celebración en la Forja fue mucho más animada de lo que ella habría esperado unos meses antes. Brindó con sus amigas, bailó, rió y por unas horas dejó que el nuevo año pareciera realmente una promesa de cosas mejores.

También compartió un momento breve a solas con April en Reinfallen.

Nada extraordinario. Un baile corto. Una cercanía que podía pasar perfectamente por una muestra más de confianza entre ambos.

Pero a Bastet le quedó una sensación extraña en el estómago. Como pequeñas mariposas que prefirió no analizar demasiado.

Había aprendido a construir raíces en Occidente.

Pero eso no significaba que sus pies hubieran dejado de pedirle caminos.

Quizá encontrar su lugar no consistiera en elegir una cosa o la otra.

Quizá tuviera que descubrir cómo conservar ambas.

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Taisa, La Princesita Aventurera - Lee la historia

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Sobre la autora

Taisa – Raquel García Arévalo

Personaje y creadora al mismo tiempo. Llevo más de 20 años dando vida a este alter ego nacido entre cuentos, juegos online y en el rol, tejiendo historias que han crecido conmigo a lo largo del tiempo.Profesionalmente creo y gestiono webs y blogs, ayudando a negocios a convertir el caos digital en sistemas claros, sostenibles y estratégicos. Creo en la tecnología como herramienta de libertad y en construir proyectos con alma.Cuando no estoy optimizando una web, probablemente estoy escribiendo, desarrollando relatos de rol o imaginando nuevas aventuras. ¿Quieres saber más sobre mí? Puedes leer aquí.

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