8 – Ahorrando

Taisa siempre había sido una chica bastante cuidadosa con el dinero, y de pocos gastos, la verdad, pero hacía un tiempo que estaba poniendo mucho más empeño en sus ahorros.

Sin parar de trabajar

Ahora que era Sacerdotisa, tenía muchísima faena, no paraban de llegar grupos a la capital en busca de sanadores para sus viajes, ya que no era seguro salir de las ciudades sin llevar alguno. Ya fuese para ir a pasear tranquilamente, o para ir a buscar pelea con los monstruos, y aquello le estaba viniendo muy bien para ir juntando algún dinero.

También su pequeña mascota Cosita, que ya había crecido, le estaba sirviendo de gran ayuda. La había entrenado para recoger objetos valiosos, y en las escaramuzas contra los monstruos era habitual que algunos objetos se pasasen por alto. O incluso que los magos los dejasen por no poder cargar con ellos. Y así la pequeña gelatina los guardaba sin que Taisa tuviese que descuidar a su grupo. También había gente que agradecía generosamente la ayuda de un buen sanador en aquellos tiempos en que escaseaban.

Poco a poco iba acercándose a la cantidad que necesitaba. Y es que había algo que rondaba continuamente por su cabeza, desde aquel día en que Balthimor y ella asistieron a la sagrada unión de dos enamorados… Anhelaba que las palabras que él susurró mientras cogía sus manos se realizasen, y como era una chica muy organizada, había aprovechado sus viajes por el reino para localizar los mejores lugares donde comprar lo necesario… el ramo, el velo, los trajes y los anillos. Eso sí… no había vuelto a comentar nada del tema con Balthimor… quería que fuese una sorpresa.

¿No podrá ser?

Cuando lo tuvo ya todo listo, fue toda feliz a preguntar a la Catedral, y se llevó una desilusión cuando uno de los sacerdotes del templo le informó de que sólo un Dios podía oficiar una ceremonia de matrimonio según las leyes. Pero no se daría por vencida, así que siguió insistiendo hasta que le contaron una forma en que podría tratar de comunicarse con los Dioses.

Había un  Inaccesible, Recóndito y poco Conocido templo donde en ocasiones los Dioses se presentaban ante los mortales y atendían a sus plegarias. Tuvo que acudir varios días hasta que un día al fin un Dios se presentó, y aunque al principio no estaba muy convencido, acabó cediendo a la petición de oficiar la ceremonia, viendo la insistencia e ilusión de la muchacha.

Taisa no cabía en sí de la alegría, así que salió inmediatamente para buscar a Balthimor, llevando los anillos en su bolsa. Le encontró paseando por la plaza de la capital, y allí mismo se arrodilló frente a él, que la miraba asombrado, y le pidió casarse con ella. Él sorprendido pero feliz, respondió que por supuesto que sí, y la besó, mientras algunos transeúntes aplaudían emocionados.

¡Vivan los novios!

Y tras todo el esfuerzo,  por fin llegó aquel momento tan esperado, y  en una sencilla ceremonia,  Taisa, que estaba preciosa con su vestido beige, y Balthimor que dejó su armadura para vestirse con un elegante traje, se unieron en matrimonio prometiendo amarse para siempre.

anillos
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ramo

        

Y aunque cambiaron poco de vida, trasladándose a una pequeña casita cerca de la Catedral, continuaron con sus viajes y aventuras, y cada día se querían más y más.

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