Tiempo después de haber llegado a Occidente…
Un día llegó una carta cuando estaba en su habitación. Era un mal momento y la verdad se sentía algo mal. Trataba de empezar de nuevo en aquel lugar lejano y desconocido pero no sentía que terminase de encajar del todo.
La primera misión que le encomendaron fue un galimatías que no lograron desentrañar, aunque por suerte fue un suceso aislado y no tuvo mayores repercusiones.
Después su «jefa», aquella princesa, la esquivaba cuando podía al inicio ya que estaba disconforme con que le hubieran puesto un guardia para seguirla. Luego parecía haber asumido su presencia, aunque fuera de mala gana. Aun así Bastet trataba de continuar con su trabajo.
Entonces se encontraba en sus aposentos con aquella carta en las manos que le habían hecho llegar diciendo que iba dirigida a ella. El sobre no tenía indicativo alguno…
La abrió con curiosidad, y su contenido le resultó realmente sorprendente. Para empezar porque la carta estaba encabezada dirigiéndose a ella por su antiguo nombre.
Por un momento se preocupó… Pero a medida que iba leyendo aquella carta, se relajaba.
Hola […….]
No estaba seguro de si enviar este mensaje. Ni siquiera de cómo escribirlo. Pero aun así, no he podido evitar hacerlo. Es posible que este mensaje te parezca extraño, inusual.
En verdad sólo pretendo darte las gracias. Si me equivoco, y no eres quien creo, pido disculpas por las molestias y doy mi palabra de no volver a molestar.
Supe de la llegada de una paladina aquí y causó mi curiosidad, por lo que me acerqué a ver aquel día cuando llegaste… Y tengo casi la absoluta certeza de que eras [……], la líder de paladines en el clan de «Los elegidos de los dioses». Aunque no te presentases por ese nombre, supongo tus motivos tendrás…
En aquella época yo era muy joven, y pasaba una situación complicada con la soledad y las responsabilidades.
Sin embargo, el estar en el clan me dio ánimos para continuar, viví las mayores aventuras junto a vosotros. Tú me enseñaste todo lo que sé como paladín… Y recuerdo aquella época con mucho cariño.
Sé que fue un periodo corto, pero a veces algo pequeño puede marcarte para toda la vida… De hecho, ahora tengo mi propia familia, y puse tu nombre a mi hija.
Sólo quería darte las gracias por todo lo que me aportaste. Si necesitases algo, puedes contar conmigo. Actualmente trabajo en el templo de la Luz de la ciudad de Compshire, donde se forman los nuevos paladines.
Saludos,
Arayik, el Paladín.
Se emocionó a medida que iba leyendo aquellas líneas. A pesar de que de normal guardaba mucho sus emociones, hasta el punto de en ocasiones rozar la apatía… Puede que como método de autodefensa, aquello logró tocar su corazón, y unas lágrimas de emoción corrieron por las mejillas de la paladina.
Realmente… Había hecho tantas cosas en su vida… Había conocido mucha gente, y había marcado la vida de muchas personas sin siquiera planteárselo ni esperar nada a cambio. Sólo siendo como ella era, generosa, siempre dispuesta a ayudar y a escuchar a aquel que lo necesitase.
Finalmente tomó una decisión.
Decidió que iría al templo para ofrecer ayuda. Pensaba que podrían darle alguna tarea que la hiciera sentir más útil en aquellas circunstancias.
Puede que fuera sobrecargarse un poco… Pero también pensó que en aquel momento le iría bien hacer algo más. Ya lidiaría después con ello. Tras informarse, el lugar además no estaba lejos, apenas un par de horas a caballo, y una vez allí la primera vez podría volver por teletransporte cuando quisiera. Ya tenía su piedra del hogar registrada a su cuarto de la zona de la guardia.
Se personó allí unos días después de recibir la carta, reencontrándose emotivamente con su discípulo, ahora con aquel cargo.
Por supuesto enseguida le ofreció ayudar a formar a los jóvenes paladines o sacerdotes, o a aquellos que se quisieran presentar a las pruebas para serlo.
Sería todo un nuevo reto para ella, de eso no cabía duda.
Entró entonces a la sala de los aprendices a presentarse y ver quiénes estaban dispuestos a aprender.
Portando como de costumbre su armadura de placas dorada, conseguida como obsequio por la ayuda en las batallas. Resonaba contra el pavimento de piedra del templo haciendo que aquellos jóvenes fueran conscientes de la llegada de la imponente mujer.
—Saludos a todos. Soy Bastet y seré una nueva instructora en el poder de la Luz. Por el momento tomaré hasta tres aprendices que entrenarán bajo mi tutela. Den un paso al frente los interesados y valoraré sus aptitudes.
Hablaba en tono firme y con autoridad mientras observaba a los presentes.


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