Los estudios se intensificaron y teníamos menos tiempo libre. Aun así, intentábamos mantener nuestras comidas en familia, las lecciones con nuestra madre y nuestro padre y las clases con los tutores que se habían quedado en el palacete para enseñarnos distintas materias.
Estudiábamos geografía y todo lo relacionado con el exterior. Nos fascinaba aprender sobre el mundo que nos rodeaba, porque nunca habíamos visto mucho más allá de los alrededores de la mansión.
También aprendíamos sobre la cultura de distintas regiones. Era importante conocer otros lugares. Mamá contaba a menudo que sus conocimientos sobre Luipt habían sido útiles durante los tratados con el duque, que también se alojaba en la mansión.
Estudiábamos muchos lugares: Oriente, Bluhovan, Whitemond, los Imperios del Sur y del Norte, Pretas, Agenstein, Vasilios y muchos más, además de todo lo conocido sobre el famoso Reinfallen.
La política era otra materia que trabajábamos con seriedad. A los dos nos fascinaba todo lo que había por aprender: sus sutilezas, la importancia de escoger las palabras adecuadas, las leyes y normas que podían favorecernos y las que no, y cómo darles la vuelta cuando fuera necesario. Era todo un arte.
También estudiábamos etiqueta y protocolo. Como miembros de la realeza, debíamos aprender a actuar en cualquier situación social. Mamá y sus damas de compañía nos enseñaban todo lo necesario, incluidos los modales en la mesa y el baile.
Me divertía bailar con mi hermano. Al principio a veces nos pisábamos y nos reíamos mucho. Después nos sentíamos muy orgullosos cuando ya sabíamos hacerlo bien y dábamos demostraciones por las que todos nos alababan.
A veces se celebraban fiestas, sobre todo cuando alguno de los habitantes del palacete cumplía años. Todos se celebraban por igual y con grandes preparativos. Así podíamos practicar lo que habíamos aprendido. Supongo que ese era también el objetivo.
La cocina quizá no fuera imprescindible, pero tanto papá como Emma nos enseñaron lo básico y algunas cosas más especiales. A mí no me interesaba mucho; a mi hermano sí. De todos modos, era entretenido pasar tiempo juntos.
A ambos príncipes nos instruyeron en música: solfeo, piano y violín. Nos dijeron que eran cualidades habituales entre los nobles y que la música también podía servir como escape emocional.
La esgrima y el combate eran otras materias. A papá le gustaban mucho y a nosotros también nos resultaban amenos. Era un tiempo cálido en familia. A mí me gustaban, aunque me parecían algo innecesarios debido a mis poderes.
También estudiábamos magia y desarrollábamos nuestros poderes particulares. Mi hermano se formaba principalmente con el duque Kaufman, aprendiendo sobre pociones y a controlar su poder.
Yo estudiaba con papá y con quien sería mi mentora, la líder de las diosas. Siempre que lo pensaba, alzaba el rostro con orgullo. Aprendía a dominar mi poder y a gestionar el maná. Papá me enseñaba sus secretos y me transmitía todos sus conocimientos; además, me hablaba en detalle de los planes que había preparado desde hacía tiempo.
Con todo aquello, estaría preparada para dirigir el Imperio.
Para regresar y ocupar el lugar que me correspondía.
El día se acercaba…


