Durante la celebración de la boda de Calíope y Gojo, Crow se apartó discretamente de la sala. Ya había cumplido con las cortesías necesarias y no quería que su ausencia llamara la atención. El festejo continuaba a sus espaldas mientras él se encaminaba a ocuparse de un asunto urgente.
Le habían informado de que una de las secretarias imperiales, testigo del caos que se había apoderado del palacio, había conseguido poner a salvo los documentos más importantes. Los había sacado de allí para mantenerlos lejos de las manos del regente en funciones y los guardaba en la mansión. Crow sintió un profundo alivio al saber que aquellos registros seguían a salvo, lejos de miradas indiscretas.
No eran simples papeles. Entre ellos se guardaban datos sobre el clan y la línea de sangre de la familia real, además de registros, leyes y otros asuntos esenciales para la seguridad y la continuidad del Imperio. Y ahora los herederos necesitarían ese conocimiento para prepararse. Los documentos debían llegar a Heinri antes de que comenzara el proceso; no había tiempo que perder.
Crow se dirigió a la casa principal y localizó la entrada del sótano. Con la llave en forma de pluma que llevaba consigo abrió la puerta y bajó las escaleras. En el lugar donde los habían resguardado encontró los documentos intactos.
Con cuidado, pero sin demorarse, los reunió en una biblioteca portátil oculta por medio de un mecanismo mágico en aquella pluma estilográfica. La misma con que los habían sacado del palacio. Ya tenía lo necesario para llevarlos ante el emperador Heinri y poner a su disposición los registros que protegerían el futuro de Occidente.
Volvió discretamente a su carruaje y emprendió el camino esa misma noche. La celebración quedaba atrás; su prioridad era llegar hasta Heinri y entregarle los documentos cuanto antes.

