Autor: Taisa – Raquel García Arévalo

  • 27 – Recuerdos

    Era un día soleado en Pontiveia, y la gente rondaba por las calles, o charlaba sentada en la plaza. El bardo volvía a su casa después de haberse sacado unas cuantas monedas con sus recitales, cuando se fijó en algo bastante inusual… La puerta de la vieja posada estaba entreabierta.

    Se sorprendió enormemente… aquella posada llevaba años cerrada. Algo extraño debía pasar, por lo que puso una flecha en su arco y entró sigilosamente a la casa. La poca luz que entraba por las ventanas prácticamente cerradas dejaba ver lo descuidado del lugar; una gruesa capa de polvo lo cubría todo. Dejó abierta la puerta para que entrase algo de luz, y se adentró en dirección a las habitaciones, de donde provenía un ruido apagado. Al pasar por el salón, vio cómo una pesada espada reposaba sobre la mesa, y alzó su arco con algo de temor, mientras entraba a uno de los aposentos.

    Una figura arrodillada rebuscaba en los cajones de la cómoda. Al acostumbrarse un poco más los ojos de Nemesio a la penumbra, pudo ver que llevaba una pesada armadura. Apuntó al extraño con algo de temor y tensó el arco mientras conseguía decir:

    —¿Q… quién eres tú, y qué andas hurgando aquí?

    La figura se quedó parada unos instantes, tras los cuales comenzó poco a poco a girarse para ver quién le hablaba. El bardo bajó poco a poco su arco, sin decir una palabra, mientras al volverse, gracias a la escasa luz que entraba por la puerta, pudo ver de quién se trataba. Aquel cabello negro cual azabache caía sobre la dorada armadura de placas que cubría a la joven, y el pálido y hermoso rostro quedaba al descubierto, mostrando una débil sonrisa al ver al muchacho que contrastaba con los ojos marrones miel en los que se podía leer claramente una gran tristeza.

    —¿Taisa? —susurró Nemesio—. ¿De verdad eres tú? ¿Qué haces aquí?

    Taisa se levantó del suelo con cuidado, recogiendo algo del cajón de la mesilla de noche donde estaba guardado el rosario de Balthimor.

    Arrodillada en el suelo, lo sostenía con fuerza en su mano, y le habló sin dejar de sonreír.

    —Nemesio… cuánto tiempo ha pasado… pensé que nunca volvería. Vine… a buscar algo —dijo mirando por unos instantes su mano, y posando de nuevo la mirada en el bardo.

    —Por los dioses… ¡me alegro de verte! ¿Dónde has estado, Taisa? La gente ha preguntado mucho por ti.

    —Es una historia muy larga…

    —Bueno, ya sabes que las historias son lo mío… y no tengo ninguna prisa. —Y a la vez que decía esto, tomaba asiento en el suelo poniéndose cómodo.

    Taisa miró alrededor de la polvorienta habitación, y tras sacudir un poco la cama sin mucho éxito, se sentó en ella y comenzó a resumirle lo ocurrido a Nemesio.

    —Tuve que irme… no podía quedarme aquí más tiempo, todo me recordaba a Balthimor después de su marcha hacia las lejanas guerras santas, y no llegaban noticias suyas. Y las guerras aquí en Mideralia cada día eran más duras y despiadadas, e incluso nuestros aliados comenzaban a tomar medidas que no me agradaban… Sentía que este ya no era mi lugar.

    Cuando me fui… abandoné los hábitos del sacerdocio, y me uní a la Orden de Paladines de la Luz de Azeroth. Como tenía experiencia, continué como sanadora al principio, pero aunque pensaba que era mi vocación, ya no me sentía cómoda con ello.

    Tras largas semanas de viaje, llegué a Ventormenta, y allí me asignaron la misión de acompañar a dos cazadores enanos, con los que viajé durante largos meses por todo Azeroth. Mientras tanto, mantenía el contacto vía postal con mis hermanas Indhara y Rachel, que decidieron de nuevo seguir mis pasos y trasladarse a Azeroth.

    Cuando llegamos a Península Infernal, los enanos decidieron regresar a Forjaz a visitar a sus familiares, y allí nos despedimos. Yo decidí quedarme allí, ayudando en la batalla contra la Legión Ardiente.

    Pero según pasaba el tiempo, cada vez era más consciente de que algo había cambiado en mí. No quería seguir limitándome a quedarme detrás sanando a los luchadores mientras miraba cómo transcurrían las batallas. La ira invadía mi cuerpo, y la incertidumbre de no saber qué había ocurrido con mi amado era cada día mayor y aumentaba aún más mis sentimientos… Y tomé una decisión: regresé a Ventormenta a consultar con mi instructor en la Catedral, y le pedí que me instruyese para la batalla cuerpo a cuerpo, para de aquella forma poder desahogar aquel dolor que me invadía. Y no me arrepiento en absoluto de ello. Fue un entrenamiento duro, ya que mi constitución como curandera era bastante débil, pero me siento mucho mejor desde aquello, y me dio el ánimo suficiente para continuar mi viaje de rumbo incierto.

    Y bueno… esto es lo que ha sido mi vida en estos años…

    Nemesio la miraba con los ojos como platos.

    —Quién lo hubiese pensado, la verdad, Taisa… —sonrió—. Bueno… ¿y cómo que decidiste volver a Mideralia?

    —Pues… obviamente vengo de paso… —Su rostro se entristeció—. En realidad vine porque hace tiempo que no sé nada de mi hermana pequeña, Rachel, ya sabes que ella continuó siendo sacerdotisa en la ciudad de los enanos… y me temo que algo malo puede haberle sucedido. Pensé que igual alguien podría saber algo aquí… Pero… —dijo mirando a su alrededor— veo que apenas queda nada ni nadie de lo que conocía. Pasé por delante de la posada, y quise entrar a recordar… y encontré esto…

    Y mientras lo decía abrió su mano, dejando ver el crucifijo que llevó Balthimor mientras fue parte del gremio de paladines de Pontiveia.

    —Entiendo —respondió Nemesio con un hilo de voz, mientras parecía que intentaba recordar algo—. Ya sabes que muchas noticias vuelan, y que nos llegan muchísimos rumores… Hace tiempo un sacerdote de Forjaz pasó también por aquí, y comentó que la mayoría de ellos habían partido a ayudar al Alba Argenta.

    Tras la larga charla, se despidieron, y el bardo quedó observando cómo se alejaba la paladina antes de volver a su casa, llevando con él una nueva historia que contar.

  • 26 – La chamana

    26 – La chamana

    Despertó de golpe, sobresaltada. Estaba en las ruinas de un accidente… ¿Qué era aquello?

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  • 25 – El nuevo mundo

    25 – El nuevo mundo

    Finalmente, decidió partir en búsqueda de su hermana, aunque no descartaba también la posibilidad de saber algo de Balthimor, en el que no había dejado de pensar tampoco, siempre con la esperanza de que regresara.

    Una vez en aquel lugar, al que llegó por unos portales, se sentía bastante desanimada. No quería seguir siendo curandera, no se sentía motivada para ello por alguna razón. Quería luchar. Quería ser más fuerte para poder proteger mejor a aquellos que amaba.

    Así que decidió tomar el camino del paladín, siguiendo los pasos de su amigo Vand y de Balthimor cuando lo conoció…

    Encontró a unos enanos y siguió camino con ellos por un tiempo, hasta que sus caminos se separaron y siguió por su cuenta.

    Formó parte de un clan en el que fue líder de paladines, ayudando a otros a formarse en sus habilidades a su vez.

    Allí conoció a alguien que por alguna razón le inquietaba. Una joven chamana.

    Al tiempo, una pista la llevó a volver al que había sido su hogar en su infancia…

  • 24 – Desaparición

    24 – Desaparición

    Un buen día una noticia cambió por completo todo.

    Rachel se había marchado.

    Tras mucho tiempo a la sombra de su hermana, aunque inicialmente estaba feliz, decidió que quería llevar una vida por su cuenta.

    Al principio escribía con frecuencia, contando sobre su nueva vida en otro lugar.

    Pero en un momento dado, las cartas dejaron de llegar… Lo que llevó a Taisa y a Indhara a preocuparse.

    Después de hablarlo, la primera en marcharse fue Taisa, decidiendo que iría a averiguar qué había ocurrido con su hermana.

  • 23 – La posada

    Taisa aprovechó la oportunidad para tomar un estilo de vida más calmado por un tiempo.

    Se dio una circunstancia adicional… La Innombrable también buscaba lo mismo. Alejarse de los dioses tras lo que había ocurrido y llevar una vida normal pasando desapercibida.

    Y de algún modo surgió la idea, y entre las dos abrieron una posada.

    Allí atendían a los viajeros, recibían a sus amigos, y pasaban largas horas charlando sin más sobre muchos temas.

  • 22 – La nueva líder

    22 – La nueva líder

    El nuevo comienzo fue duro. Perder todo por lo que habían trabajado todos esos años.

    Sus clanes, sus pertenencias, incluso algunos amigos quedarían atrás…

    Pero estaban determinados a ello.

    Al estar listos, fueron todos juntos a buscar el cristal dorado a las catacumbas de los orcos.

    Entre todos lucharon contra los innumerables enemigos hasta que consiguieron uno.

    Cuando lo tuvieron en sus manos hicieron una fiesta: era momento de fundar de nuevo el clan. Joy Adventurers volvería de nuevo.

    Sin embargo, entonces fue cuando Taisa les dio la noticia…

    —Ya no seré la líder. He decidido ceder mi lugar a mi hermana Indhara.

    La joven avanzó, con su expresión impasible como siempre, pero con determinación.

    Aceptó la responsabilidad que su hermana le había ofrecido. Era algo que no se había planteado pero le agradaba la idea.

    Aquello pilló por sorpresa a algunos, pero finalmente todos estuvieron de acuerdo.

    Entendían las circunstancias de su decisión y las apoyaron en ello. La joven se había convertido en una asesina excepcional, con unas dotes de infiltración admirables. Sería una gran ventaja contar con ella.

    Por igual, Indhara se había ganado el respeto de todos, y sabían que sería una buena líder.

    Con aquello empezó una etapa de gran gloria para el clan, que junto a sus aliados, hacían grandes avances en las guerras de clanes.

    ¿Y Taisa? Aunque siguió ayudando en alguna ocasión, decidió tomarse un descanso.

  • 21 – El fin y nuevo comienzo

    21 – El fin y nuevo comienzo

    Finalmente, se hizo público el anuncio. Era el fin. Los dioses habían decidido y era irrevocable.

    La codicia de algunos los había llevado a desafiar a los dioses y a conseguir algunas armas y artefactos que no deberían haber llegado a manos de los mortales. Lo que hizo que tomasen una decisión drástica.

    Todos deberían comenzar de nuevo. Todo volvería atrás.

    Mantendrían sus recuerdos… Pero deberían comenzar sus vidas de nuevo como años atrás.

    Era la única forma que veían para deshacer los errores que la ambición de los mortales había provocado.

    Taisa reunió a los Joy Adventurers, cuando ya no había necesidad de ocultar lo inminente.

    Explicó la situación a quienes aún no estaban al tanto, y con los ojos empañados por la tristeza, ya que no sabían qué sería de ellos ni si todos seguirían allí después, o si tomarían otros caminos, hizo una simple pregunta.

    —¿Quiénes seguiréis conmigo?

    Preguntó con firmeza la sacerdotisa, con el corazón en un puño.

    De entre los presentes, alguien dio un paso al frente.

    Vio con cariño a Román, que fue el primero. Tras él, los demás también se adelantaron. Casi todos decidieron continuar, lo que llenó de calidez su corazón.

    Perderían todo… pero mientras no se perdiesen ellos, todo estaría bien.

    De pronto, una voz conocida la sorprendió.

    —Yo también…

    Le saltaba el corazón cuando vio a Balthimor. Había regresado, en una de sus visitas.

    Lo abrazó y lloró más aún de emoción de verlo.

    Sin embargo, estaba molesto. No le gustaba nada aquella situación y lo haría notar.

    Se arrancó el rosario del cuello.

    —No pienso ser un paladín más. No quiero servir a unos dioses que nos hacen algo así.

    Dijo seriamente.

    Aquello a Taisa le resultó un conflicto, ya que también tenía aprecio por los dioses que habían sido cercanos con ella. Sin embargo, entendió la decisión de Balthimor y le mostró su apoyo.

    Sin embargo… guardó su rosario.

    Ahora sólo quedaba esperar lo inevitable.

  • 20 – Premonición

    Una noche, tuvo una visión. Los dioses se comunicaron por medio de sueños. Fue una visión aterradora de lo que iba a ocurrir…

    Pero se le indicó que aún no debía contar nada, sólo debían prepararse.

    Se levantó sobresaltada, con los ojos húmedos, y salió de la habitación tratando de calmarse. Pero no era fácil.

    Nikita se encontraba allí también, en la casa del clan. Debió despertar al escucharla, ya que tenía un oído agudo.

    Se encontró con Taisa hecha un ovillo sentada en un rincón de la cocina, llorando silenciosamente.

    —¿Jefa? ¿Qué sucede? —preguntó asustada.

    Taisa sacudió la cabeza. No podía decirlo.

    Al ver su expresión y la tristeza con que la miró, supo que no quería hablar, y tan solo se sentó a su lado.

    Le dolía lo que sabía, lo que iba a ocurrir… y también no poder contarlo aún.

  • 19 – El primer castillo

    Con el tiempo, fueron mejorando en sus ataques. La alianza cada vez estaba más coordinada y los cuatro clanes trabajaban duro para lograr resultados.

    Aunque inicialmente no querían tomárselo tan en serio, sentir que cada vez estaban más cerca de lograr una victoria les motivaba a pelear más.

    Hasta que finalmente un día lo lograron. Y a partir de ahí las victorias continuaron, no siempre, pero se habían convertido en clanes reconocidos en Mideralia, con lo que la reputación de la princesa aumentaba.

  • 18 – Las hermanas

    18 – Las hermanas

    Una noche aparecieron en la ciudad dos jóvenes, apenas poco más que unas niñas.

    Llegaron con una intención muy clara: encontrar a su hermana mayor.

    Después de estar preguntando, y debido al gran parecido y lo reconocida que Taisa era ya en la capital de Mideralia, no tardaron en dar con ella.

    Cuando las vio quedó sorprendida, ya que era lo que menos hubiera esperado.

    —¿Mis hermanas? —preguntó aún extrañada después de la historia que ellas le contaron.

    Tras el paso de los años, los reyes de Gallaecia tuvieron dos hijas más.

    La segunda, Indhara, era una niña algo introvertida y seria. De carácter frío y distante. Posiblemente al haber crecido sus primeros años con el temor de sus padres a perderla también y haber nacido a la sombra de su hermana ausente.

    Cuando la pequeña Rachel nació, fue cuando por primera vez llegó algo de calidez a su vida, y se prometió cuidarla siempre.

    Pero ambas sabían que ninguna de ellas estaba destinada a heredar aquel trono. Ni tampoco lo querían. Ambas hablaban por las noches desde que eran muy pequeñas, se preguntaban cómo sería su hermana mayor. Deseaban realmente conocerla. Se imaginaban lo sola que debía de sentirse habiendo crecido fuera de su hogar. Y se prometieron que irían a buscarla.

    Cuando tuvieron una edad razonable, consiguieron el permiso. Y dirigieron sus pasos siguiendo la información que la sacerdotisa les dio para llegar hasta Mideralia y a Pontiveia.

    Sorprendidas por lo diferente de aquella ciudad, estuvieron muy felices de encontrar con facilidad a su hermana.

    La abrazaron con fuerza; incluso Indhara cedía ante lo emotivo de la situación.

    Pasaron días hablando, poniéndose al día.

    Rachel

    La pequeña era una joven algo introvertida, dispuesta siempre a ayudar a todos. En algunos aspectos se parecía bastante a Taisa, tanto de carácter como en lo físico, aunque no solía ser tan valiente ni atrevida.

    Su decisión fue sencilla: optó por tomar el camino de su hermana mayor, formándose como sacerdotisa de la luz también.

    Indhara

    Fría, calculadora y algo distante, pero aun así colaborativa y diligente.

    Tomó un camino bien diferente. Armándose con unas dagas, se dirigió al gremio de mercenarios donde se formaría en combate cuerpo a cuerpo, infiltración y otras habilidades de moralidad dudosa…

    Se ganó el apodo de la princesa de hielo. Pues no le temblaba el pulso al realizar los peligrosos y crudos encargos del gremio de mercenarios y asesinos cuando era necesario.

    Amaba sus dagas y entrenar su velocidad y sigilo.

    Se convirtió en una de las mejores en infiltración para lograr atacar los castillos.